05 abril 2008

Cuando los hijos son instrumento de venganza.

Por :Dr. Ernesto Lammoglia

Si bien un divorcio suele traer tranquilidad a hogares en los que se vivía bajo tensión, también puede convertirse en todo un infierno para los hijos.

No es raro ver a muchas madres que, tras la separación, no pueden tolerar su frustración y, menos aún, sentirse rechazadas. Cuando el marido se va de la casa, ella se ve arrebatada por una furia iracunda. Su deseo de venganza es abrumante y, día con día, alimenta su odio y su resentimiento. La destrucción de quien la ha abandonado se vuelve su único objetivo en la vida y se lanza al ataque como un tornado que arrastra de paso a sus hijos y hasta a ella misma.

Estas madres, adoptando el papel de víctima, convierten a sus hijos en su arma más poderosa para vengarse y los utilizan para castigar a su exmarido sin importarles el grave daño que les está haciendo. Una de las técnicas más perversas es ponerlos en contra de su padre. Los convence de que es un maldito, que los ha abandonado, que no le importan, que no les provee lo suficiente y los hace víctimas de un chantaje sutil pero constante.

Muchos padres divorciados utilizan a sus hijos como correo poniéndolos entre la espada y la pared. El daño psicológico que esto les causa es tremendo. Por un lado han sido utilizados por la madre, no amados, y es importante aclarar que estas dos cosas no se combinan porque una de las características del amor es no utilizar al ser amado. Por otro lado, se les ha enseñado que la madre es quien los ama y que el padre no los quiere. Pero, en el fondo, como la realidad no coincide con lo aprendido, se encuentran muy confundidos y esta confusión acerca de lo que es el amor les causará problemas en sus futuras relaciones.

Un estudiante de psicología cuenta que pasó su carrera estudiando casos de otros pero, más adelante, cuando quiso ser psicoanalista y tuvo que someterse él mismo a un psicoanálisis, se dio cuenta de que, en realidad, odiaba a su madre y vio claramente cómo ésta lo había utilizado de la manera más retorcida. Nunca hubo pruebas de la maldad que ella le atribuía a su padre y, aunque no lo amaba, hubiera querido tener la oportunidad de relacionarse con él, oportunidad que su madre le había quitado. Esto ocurrió hace varios años y aún narra su experiencia con asombro: "No es que ahora quiera idealizar a mi padre, es simplemente que antes las piezas no encajaban. Mi padre era un abogado muy querido, la prueba fue que, en su funeral, la capilla del velatorio se llenó de coronas de organizaciones de obreros y campesinos a los que había ayudado. Y no eran de compromiso porque había mucha gente llorando. Mi madre decía que él era un tacaño pero jamás me negó nada, nos dejó una casa y me pagó las mejores universidades. Por otro lado, ella se dedicó a no hacer nada, nunca hizo un esfuerzo para lograr algo y se pasaba el tiempo rumiando su odio o envenenándome contra él. Y es que realmente se trata de un veneno que todavía no he logrado sacar completamente de mis venas.

Dejé de odiar a mi padre pero aun no logro dejar de odiar a la medusa de mi madre".

El chantaje de una madre así puede llegar a tal grado que acorrale al hijo para que nunca se independice. Estas madres suelen ahuyentar a cualquier prospecto de pareja que aparezca, o bien se enferman cuando sus hijos empiezan a hacer planes para salir de casa.

Otra técnica para fastidiar es enfermar al niño.

El padre tiene que salir corriendo a las tres la mañana porque le han avisado que su hijo está grave y ya va rumbo al hospital. A la mera hora no era nada pero la escena se repite frecuentemente, sobre todo a mitad de una cena o un viaje.

El daño psicológico que se hace a estos niños utilizados es enorme. Cuando llegan a la edad adulta se comportan según los modelos aprendidos y los resultados son nefastos. Les es muy difícil aceptar la maldad disfrazada de una madre que navegaba con bandera de santa sufrida y abnegada. Muchas mujeres se casan y viven esperando que, de un momento a otro, les suceda lo mismo, que su príncipe se convierta en sapo y las abandone. Viven a la defensiva y esto hace que sus relaciones fracasen.

Estos niños y niñas no son felices. La batalla en medio de la que se encuentran va minando su autoestima y en el fondo se sienten tremendamente solos. Los golpes emocionales que reciben dejan heridas muy profundas aunque no se vean a simple vista. Como dije antes: son utilizados, no amados.

1 comentarios:

Jinna dijo...

pfff... desgraciadamente, cuánta verdad hay en ello!!! En mi caso fue todo lo contrario: siempre he tratado de que la relación de mis hijos con su padre no se deteriore, pero eso tiene un precio muy caro... siempre soy yo la que debo ceder en todo a su favor, y él no se da ni cuenta.

Es un círculo vicioso, mi actitud tampoco le ayuda a él pq está convencido de que todo lo que hago es mi deber, o que es pq me siento culpable... nada más lejos de la realidad!

Un beso